miércoles, 9 de septiembre de 2009

La vida detrás de una Pyme

Con la crisis económica, la frustración se hizo presente en la vida de muchas personas que comenzaron a perder sus trabajos. Grandes empresas no fueron capaces de llevar la crisis y quebraron y la posibilidad de crear un nuevo negocio independiente no se veía tan lejana.

Las Pymes (pequeñas y medianas empresas), han sido la alternativa para muchos empresarios, como fue para Jorge Vernengo.

Untitled from Lucia Adriasola on Vimeo.

Vernengo tiene 63 años y trabaja hace 37 en el Mercado Central. Sus locales son su vida. No puede dedicarse a otra cosa porque heredó este trabajo de su padre. Dice que le gusta lo que hace, aunque quizás sea costumbre, pero que tiene sus desventajas. “A pesar de ser profesional, nunca me dediqué a ejercer mi profesión (profesor), porque mis negocios me han generado muchas satisfacciones económicas. Sin embargo, hay que asumir costos muy altos, como postergar muchas vacaciones, a la familia… etc ”.

Este hombre emprendedor partió trabajando junto a su familia con un sólo puesto en el Mercado Central: Vernengo y CIA, donde vende licores y abarrotes. Luego compró un espacio en el que creó el restaurante “El Rey del Mariscal” que ahora le arrienda a otro comerciante. Además tiene un negocio de joyas que se especializa en especial lápiz lásuli. Hoy, 13 personas, contándolo a él y a su familia, trabajan para su Pyme. “Tres son los reponedores de los estantes de los locales, dos se encargan de la compra de productos a las importadoras y a buenos precios, mis cuatro hijos junto a otros dos vendedores, mi señora y yo somos los que trabajamos en los negocios y dos contadores además de yo, vemos el tema de las finanzas.

El negocio se estableció totalmente durante Gobierno Militar. Pues antes de 1973 el Mercado Central era una central de abasto que pertenecía a la Municipalidad de Santiago y todos los comerciantes pagaban mensualmente un arriendo. Era una feria donde compraba el Santiago Antiguo. Sin embargo, Augusto Pinochet le dio la posibilidad a todos los comerciantes que en ese entonces arrendaban, de comprar sus locales a muy bajo costo y así instalarse cada uno con una pequeña Pyme. Ahí partió lo que hoy conocemos como el mercado, con muchos restaurantes. Pero Vernengo y CIA. se mantuvo como un negocio dedicado a los abarrotes y licores.

El es totalmente familiar, de lunes a domingo, el matrimonio Vernengo –junto a otros empleados-, trabajan, hasta incluso, más tarde que se cierran las puertas del gran mercado. Se quedan ordenando la nueva mercadería y haciendo las cuentas del día. El fin de semana son los hijos, Enzo y Franco, los que se encargan de que Vernengo y CIA funcione a la perfección.
Son aproximadamente 13 personas las que pertenecen a esta mediana empresa, incluyendo a familiares y conocidos. “Me siento orgulloso de lo que hemos logrado y cómo lo hemos hecho. El esfuerzo es la clave del éxito”, concluye Jorge Vernengo.

jueves, 3 de septiembre de 2009

La familia en tiempos de crisis

Ricardo Lizama, ingeniero civil industrial de 48 años, es uno de los tantos chilenos que se ha visto afectado por la crisis económica actual. Tiene tres hijos: Camila (16), Ignacio (10) y Tomás (7). El 2008 fue su última etapa en un colegio particular. Hoy, van a uno subvencionado.



De un minuto a otro, todo cambió. A Ricardo le dijeron que se retirara de la empresa de metales en la que trabajó por más 17 años. “Reducción de personal”, fue lo que escuchó cuando le preguntó a su jefe la razón de su despido.



Además del nuevo colegio de los niños, las salidas a restaurantes, al cine y las vacaciones fuera de Chile, tuvieron que ser eliminadas. Sin embargo, el costo más doloroso que tuvo que sufrir esta familia fue la “renuncia” de Eliana, una mujer que los acompañó y ayudó en todo momento durante diez años.



Estas perdidas no fueron suficientes, tuvieron que cambiarse de departamento para aminorar los gastos; los gastos comunes para ellos hoy era un gasto totalmente innecesario. Tuvieron que cambiarse a una casa pequeña, que tuviera bajos costos de mantención.



Marisol Quiñones, esposa de Ricardo, tiene 42 años y es decoradora de interiores, pero a pesar de tener un título profesional, nunca ejerció como tal. Hoy se pasea por las calles repartiendo curriculums para poder costear todas las deudas que el despido de su marido dejó en la casa y para salir de DICOM. Asimismo, Marisol pretendía inaugurar una tienda de decoración en tres meses más. Todo iba viento en popa, hasta que llegó la inesperada noticia que les cambió su vida.



Ya nada volvería a ser como antes. Nada de gastos innecesarios.



A Tomás le costó entender porqué ya no habían tantas colaciones ricas como antes, a Ignacio, el del medio, el porqué de compartir su habitación con su hermano menor y a Camila, la razón de no recibir su mesada.



Sin duda, la crisis ha afectado de una u otra manera a toda la sociedad, sin discriminar clase social, sexo ni creencia. Familias como los Lizama-Quiñones han tenido que buscar diferentes soluciones para contrarrestar los efectos de la crisis y poder salir adelante.